Arte y Filosofía - Producciones con sentido

 

Dificultades en el arreglo SABr

Introducción

Dadas dos bolas y cuatro agujeros  tengo más probabilidades de embocarlas  que teniendo sólo dos agujeros. Exactamente eso sucede con los arreglos corales. En los arreglos a cuatro todas las posibilidades armónicas básicas pueden ser satisfechas: la asignación de notas no deja espacios sin ocupar, aún las cuartas notas (séptimas, sensibles, oncenas y toda esa cachondería melosa, ¡pero genial!). Los arreglos a dos tienen la virtud de brindar continuas “sugerencias armónicas”: dadas sólo dos notas simultáneas, estas serán comunes a mayor cantidad de acordes que si fueran más notas. Que cada uno imagine el acorde que quiera. En cambio en el arreglo a tres, aunque la cantidad de “lugares a los cuales ir” sea la misma que en los otros casos, ciertas decisiones, si queremos atender a las cuestiones más elementales de armonía y conducción de voces, son más difíciles. Aún cuando se maneje con mucha habilidad el contrapunto, el lugar hacia el cual podamos dirigirnos estará condicionado (aunque no determinado) por las posibilidades que tengamos de llegar hasta él, sino queremos caer en las dificultades que presentaré a continuación. Y por eso decimos que un arreglo a cuatro voces tiene que ser de muy mala calidad para que suene mal. Pero un arreglo a tres tiene que ser muy bueno para que suene bien). Y podrán descubrir además que es la variante más linda de trabajar, la que más nos exige y la que más diáfana suena (como esos finales en los que bajos y tenores hacen la misma nota). En armonía, tres, como las personas divinas o la perfección entre los griegos, es el número justo.


¿Cuáles son las dificultades que encuentro (siempre hablando dentro de la tonalidad y a capella):

  • melódicas: en el arreglo a dos, uno se resigna a que será imposible que el desarrollo de la melodía en la voz secundaria, con notas de paso y todo lo demás, cubra todas las necesidades armónicas. Lo dejamos al libre albedrío de los audientes. En las versiones a cuatro, salvo que la melodía original sea muy endemoniada, el desarrollo de las líneas secundarias pueden conducirse con cierta dignidad. Pero en el arreglo a tres sucede algo humanamente torturante: tengo casi cuatro (¡ay, si tuviera una más!). Podemos sucumbir a la nefasta tentación de hacer saltar las melodías secundarias de un lado a otro para “ir completando” la armonía mientras la obra transcurre, evitando repetir notas, que a veces en la conducción de las voces es difícil de evitar (si queremos ser amables con los cantantes. En cuatro notas repetir dos no es tan grave (en realidad es lo más habitual) pero en tres tiene un alto costo. Las bellezas que sugestivamente podemos enunciar pueden perderse con estas melodías saltarinas, en los empecinados esfuerzos por afinar una línea imposible, especialmente en las pobres y castigadas contraltos. O nos quedamos frente a la partitura en génesis como cuando estamos frente a esos jueguitos que tenés que sacar un cuadradito moviendo los otros: damos vueltas y vueltas sin poder salir. Porque el drama es modular, es decir, no hacia dónde vamos sino cómo llegamos.
  • armónicas: mientras tengamos un acorde perfecto ni venimos ni vamos a ningún lado. Do/mi/sol-Fa/la/do puede ser V-I o I-IV. Si queremos movernos, conviene, es más claro, agregar una cuarta nota al acorde, ajena a la tríada, pero que, gravitatoriamente, nos conducirá hacia otro. En el arreglo a tres esto significa: cuando se pueda, modular direccionalmente (por ejemplo con una quinta aumentada)
    • hacer un divisi ocasional, y que no falten al ensayo ni menos al concierto los dos o tres que lo hacían)
    • manejar muy bien el contrapunto colocando sabias (a veces tortuosas) notas de paso en las cuales se encuentre la nota “puente” (una séptima, p.e.), lo cual nos puede hacer caer en dificultades melódicas.
    • sacrificar, insoslayablemente, una de las tres notas del acorde para insertar la ajena. El problema radica no sólo en cuál nota sacrifico sino a quién se la quito para poner “esa otra” en lugar de la que saqué. Dependerá de cómo vengan conduciéndose las voces. Pues no tengo más que dos posibilidades (la tercera está en la melodía) y hay que elegir una con sabiduría. En tres, tener dos posibilidades es haber perdido una sin tener la suerte de poder resignarme a que no tengo más que una (¡maravillosa resignación!) como en el arreglo a dos. Salvo que “esa” nota la haga la melodía. ¡Todos felices!
    • otro problema armónico: la tercera voz en los varones. Si no tienen graves y, si se puede, subimos la canción un poco. Perderemos “base” y el arreglo se transformará casi en uno de voces iguales pero con contraltos más timbradas y viriles (línea que harían en este caso los tenores) (no pienso discutir en este escrito los conflictos acerca de la sexualidad de tenores y contraltos). Si no tienen agudos, bajamos el tono, si el arreglo lo permite. Y mejor que tengamos buenas contraltos... Pueden quedarnos “agujeros”, distancias, muy grandes que dificulten el empaste (ver a continuación). Es importante acertar con la tonalidad, de modo tal que alguna cuerda se “estire” un poco para que queden tesituras cómodas a todo el grupo. Pero para eso hay que aprender a cantar…


  • De empaste: veinte mujeres contra tres varones haciendo una voz, es tan desproporcionado como contra cinco varones en dos voces. “Tengo cinco muchachos y cantan tres y dos. No suena muuuy parejo pero tengo la armonía completa”. ¡Hey!: ¿sabés lo lindo que suenan los arreglos a tres?

  • Vocales: por lo antedicho, las dificultades vocales pueden encontrarse en
    • la falta de habilidad para manejar la afinación de los malabares melódicos (algunos sostienen que los largos saltos interválicos pueden producir problemas vocales)
    • los varones: “tengo tres pero uno no llega al do alto y los otros dos no llegan al do bajo”. Habitualmente un arreglo no supera la décima en cada voz, pero si juntamos barítonos y tenores la décima se achica a una escasa sexta o séptima (entre re y si o do), es decir, a lo que tienen en común en la tesitura, si queremos que todos canten todas las notas (recomiendo por ello no estirarse más que del do2 al re o mib3). O les enseñamos a cantar: el arreglo a tres requiere de los varones una habilidad vocal que nos permita manejar una tesitura amplia. Pero encima que son pocos les pedimos que sean hábiles...
Soluciones

Son muchas y variadas.

  • de formación. Variar la formación temporalmente, según distintas obras: hacer más obras con coro femenino y que los muchachos en algunos ensayos vayan más tarde, sin dejar de estimularlos. Porque si la cena está servida o el partido ya empezó no los levantás más. Incluso se puede interpretar un arreglo a tres masculino para que se luzcan y se conviertan no sólo en valientes (por bancarse solos el ejército de chicas) sino también en galanes solistas. O un octeto o lo que fuera. El gusto está en la variedad.
  • el arreglo SMAB. Modificamos la formación habitual del coro sin perder el balance (no de volumen sino de masa). En el arreglo SMAB tenemos todas las notas, pero: necesitamos buenas contraltos y tenemos que desarrollar líneas que no limiten la extensión de las voces inferiores (varones y contraltos) a una quinta o una sexta (en favor de su salud física y síquica), dificultades similares a las que encuentra una arreglo a cuatro de voces iguales. El ensayo se maneja exactamente igual que cualquier ensayo de cuatro. Sí, ya sé, no hay arreglos SMAB. Pero es que no hay coros SMAB. Una de las razones por las cuales la Editorial GCC nos pidió arreglos a tres es que hay gran cantidad de coros con pocos varones. Ahora bien: ¿no hay coros SABr porque no hay arreglos SABr o viceversa?. La importancia del director como arreglador… resignarse a que puede hacerse mucho con tres voces pero menos que con cuatro. ¡con guita cualquiera se hace el vivo! El arreglo a tres tiene una gran virtud: la sencillez y transparencia.
  • no dejar entrar ni salir a ningún tipo del coro, so pena de tener que renovar todo el repertorio a tres que tanta sangre nos llevo aprender.  

Como dijimos al comienzo del escrito, el mayor problema es cuántas bolas tengo.

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