Arte y Filosofía - Producciones con sentido

 

La música en casa

Publicado en Revista Doquier
Rosario - Argentina - Marzo de 2005

"El arte músical no es un refugio ni una huida de la vida sino un puerto en el cual uno toma contacto con la esencia de la existencia humana.” (Aaron Copland)

Dentro de la formación general de las personas el arte debería ocupar un espacio grande dentro del hogar, la familia y la escuela. Entre las artes, la música es quizás la que más amantes reúne, y su aprendizaje es de gran importancia para el desarrollo del pensamiento lógico y holístico. Mucho se habla de los “efectos”  de la música: el efecto Mozart, el efecto Bach, el efecto Beethoven… Pero hay un efecto del cual se habla poco: el efecto del afecto que surge de la música hecha u oída en común. Prueba de ello son las tantas bandas, orquestas, coros y grupos menores que se reúnen para hacer música juntos.

Tanto los garabatos infantiles como los sonidos que un niño produce al tocar las teclas de un piano son rudimentos que constituyen el germen del arte, como los juegos infantiles constituyen el germen del deporte. De aquí la importancia que tiene el que en casa esté la música presente, creacional y recreacionalmente. Podremos escuchar música mientras hacemos otra cosa pero no podemos oír nuestra propia música si no la tocamos. Y oir nuestra música es oírnos a nosotros mismos, oir la música que nos gusta y compartirla es dar un poco de nosotros a los otros. Como las demás artes, la música es expresión de lo que nos sucede, y vivenciarlo con el otro ayuda a establecer vínculos fuertes y perdurables.

Pero la creación y la recreación musical se están yendo de casa, reemplazadas por videojuegos, equipos de audio, canales infantiles y demás. Y también se está yendo de la escuela, en la cual la hora de Música es apenas poco más que un recreo u hora libre, sumada a la impericia docente, incapaz en muchos casos, de gustar y hacer gustar de este maravilloso arte.

¿Cómo recuperar ese espacio que se está perdiendo? Canteles a sus hijos, ya desde el vientre materno y cante con ellos mientras van creciendo. Tenga en casa discos de música infantil, cante con ellos esas canciones, cuyas letras están pensadas para ellos.  Aliéntelos a descubrir sonidos, tenga un instrumento en casa (¡y úselo!), aprenda a discernir y disfrutar la música que nos hace bien de la que sólo entretiene y disfrute de ambas cada una en su momento, dele tiempo a la escucha atenta, brinde a sus hijos la oportunidad de experimentar, de jugar y de crear sonidos. No importa si desafina, no es un concierto. Cuando crezcan y hagan sus propias elecciones musicales, escúchelas con ellos, acérquese a su música, que es acercarse a ellos. Y acérqueles la suya, la que lo acompañó durante su vida, cuénteles partes de su historia ligadas a la música, como aquella con la cual se enamoró de su esposa/o o con la que solía bailar. Así les hablará de usted mismo. Porque, como decía Copland: “mientras el espíritu humano progrese en este planeta la música lo acompañará, lo sostendrá y le brindará significado expresivo”.

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