Arte y Filosofía - Producciones con sentido

 

La dimensión humana
de la música religiosa

 

Posiblemente todos estaremos de acuerdo en que la experiencia musical es también una experiencia espiritual, cualquiera sea el género al que nos refiramos. El hecho de que podamos asociar las sensaciones que cualquier música nos produce con hechos de nuestra vida es signo inequívoco de su espiritualidad. Sin embargo, aunque no sabemos por qué, sabemos que la presentación de estímulos sonoros, ordenados coherentemente o no, cuando llegan al oído hacen que descargas de impulsos nerviosos fluyan hacia el cerebro produciendo sensaciones de distinto tipo. Si hasta los animales y las plantas siente su influjo.  

Escuchemos esta primer pista (1’11’)

  1. Cantique de Jean Racine, Gabriel Fauré
  2. Thank you, Boyz Men
  3. Feliz en tu día, Miliki
  4. El condor pasa, Daniel Robles
  5. Favus distillans, Hildegard von Bingen
  6. Nessun dorma, G. Puccini.

¿Reconoce alguno?¿Cuál le parece religioso?

La experiencia religiosa, quién puede dudarlo, es también una experiencia espiritual. En algunas filosofías se constituye en prueba de la existencia del alma, como también lo es la música. Recordemos que fue gracias a que podían cantar que la Iglesia reconoció la humanidad de los indígenas en el siglo XVI (sí, es terrible, pero fue así...). La relación con algo trascendente que no es nosotros mediante una serie de oraciones, ritos y creencias dan a este tipo de contacto una especial intensidad que por ello llamamos re-ligión, religación. Decimos además que esta experiencia es universal, pues todos los hombres la tienen, se llame como se llame aquello con que se relacionan. Es decir que la religión es una experiencia plenamente humana, más allá de cuál sea la “divinidad” con que se establezca la relación.

Por eso decir música religiosa parecería una redundancia pues toda la música es espiritual y en ese sentido es en algún grado susceptible de religión. La sala de concierto se convierte un en templo en el cual los devotos van a celebrar su ceremonia y cuyo sacerdote es el intérprete que está delante. En cualquier género y cualquier parte. La música es, entonces, una experiencia religiosa.

¿Por qué llamamos religiosa, entonces, a la música religiosa?. No es su inspiración, pues parece que toda música pudiera ser de inspiración divina según cuál sea tu dios, sino su destino lo que hace de la música religiosa su esencia.

El tema del destino de la música se ha perdido desde que todos podemos oír en casa o en donde sea la música que queremos. Así la referencia al lugar para el que fue compuesta determinado tipo de música se pierde. La música religiosa fue concebida para ser cantada dentro de un ámbito religioso, en general litúrgico (en la animación de los rituales), con la acústica de la iglesia, con los olores a humedad, incienso y piedra, con el frío, con la vista del sacerdote o del oficiante, cualquiera sea, etc… Puesta en concierto en un teatro o escucharla en el living de casa con un whisky en la mano y unos bombones en la mesa no es lo más adecuado. Por otro lado en las iglesias hoy ya no se cantan esas obras de inspiración a las cuales no podés ser indiferente. Es como si un coya viniera al teatro y mostrara sus canciones. Haría sólo eso: mostraría, pues su lamento, que cobra sentido en otro escenario, el de la montaña, con sus ecos y resonancias, sería captado de modo insuficiente para ser entendido plenamente. Y el lamento del coya es también una oración.

Pista 2: canto gregoriano (2’37’’)

¿Se puede concebir esta música en otro ámbito que no sea un monasterio, con sus ecos, su recogimiento, la luz entrando tímida por las pequeñas ventanas, se puede concebir esta música en un concierto y entenderla plenamente? Creo que no, sólo conocerla, escucharla, descubrirla sólo en parte, pero nunca penetrarla en más honda profundidad, a la cual quizás pudiéramos arribar si la escucháramos en su ámbito de referencia.

Pista 3: Komm, Jesu, komm. J.S. Bach. (2’51’’)

Komm, komm, ich will mich dir ergeben                Ven, Ven, yo me daré a ti
Du bist der rechte Weg                                             Tú eres el recto camino
Die Wahrheit und das Leben                                      la verdad y la vida. 

Entonces hay algo que une a estas dos últimas canciones, tan distantes en el tiempo, en sus culturas, en su estructura, en su complejidad, en sus armonías y en el desarrollo de sus líneas melódicas. Hay algo que tienen en común a pesar de todas estas diferencias: su destino.

El origen de la música está situado en el ámbito de los rituales religiosos y las fiestas tribales. Los ritmos, primera manifestación musical, animaban los rituales tribales a los que luego se sumaron las voces rústicas, lamentacionales o animosas. Este origen sacro de la música, al igual que la danza y otras artes, hacen que sea imposible desligar los sentimientos musicales de los sentimientos religiosos, aún así estemos cantando canciones satánicas. Kiss es un ejemplo de ello: se les acusaba de realizar ritos satánicos durante sus conciertos y ellos mismos se decían enviados de Satán, esa era su religión, exista Satán o no, exista Dios o no. Ni la lluvia, ni la tormenta ni el sol ni la luna son dioses y sin embargo animaron ritos en su honor, que dieron origen a la música.

Podemos decir entonces que toda la música es espiritual pero sólo consideramos religiosa la música con destino litúrgico, ritual, o con una poesía religiosa. Por eso sostenemos que lo que hace religiosa una música no es su inspiración divina sino la íntima exteriorización de lo más profundo de la existencia humana.

“El arte músical no es un refugio ni una huida de la vida sino un puerto en el cual uno toma contacto con la esencia de la existencia humana. La expresión por vía de la música de una básica necesidad del espíritu humano”. (Copland)

“Siempre he creído que un concierto (sesiones de vida auténtica) no es más que la imagen y la muestra de la vida que por cobardía o pereza, por falta de amor a la dicha, sólo vivimos raras veces. Es cosa convenida que todos, público y virtuoso, estamos aquí para demostrar que, si bien no supimos crear la belleza continua de una vida, somos capaces, por lo menos, de crear algunos fragmentos de ella. Venimos a ver cómo sería siempre, si quisiéramos.”  (Mauclair)

Y en este sentido toda la música es de algún modo música religiosa.

Pista 4: Beethoven, Sinfonía Nº 9 “Coral”, Cuarto movimiento (51’’

¡Alegría, Tus hechizos traban de nuevo
lo que ha separado con su rigor
el capricho de la costumbre;
todos los hombres se hace hermanos
donde se posan tus blancas alas.
¡Daos los brazos multitudes!
Hermanos... sobre el tabernáculo de las estrellas
ha de habitar un padre amante.
¿Adivinas, oh mundo, al Creador?
¡Buscadlo sobre el tabernáculo de las estrellas!
Sobre las estrellas tiene Él, sin duda, su morada.  

Esta obra no es litúrgica, pero es profundamente religiosa. Y no sólo por el texto que la anima, sino también por la vida del autor de la letra y sus intereses, que son también los de Beethoven: su música evoca lo mejor de nuestra naturaleza, nos exhorta a ser nobles, fuertes, grandes de alma, compasivos. Europa estaba en pleno romanticismo, la exaltación de la naturaleza, de los ideales de igualdad, libertad y fraternidad animados por la revolución francesa y una búsqueda de lo espiritual frente al positivismo científico da por resultado un Goethe o un Schiller. Este Dios al que hace referencia es un Dios sin religión, un Dios sin nombre, es aquello con lo cual todos nos queremos relacionar por ser una necesidad íntima de nuestro ser, excusa de este mundo y causa de nuestra alegría. Esa misma necesidad es la que anima al compositor a poner en música ese sentimiento. Por eso el acto de creación del compositor, comprometido con su obra, es similar al acto de creación que atribuimos a Dios, es un momento de oración, es un éxtasis y una reflexión. Porque la religiosidad no es un atributo de la obra musical sino del espíritu humano que, al crearla, se la transfiere. No es necesario que la obra sea con destino litúrgico ni que la poesía sea religiosa ni siquiera es necesario que exista Dios. La condición religiosa es caracterológica del ser humano y la música es una expresión de esa caracterología.

Pero además, en nuestro mundo occidental, la música habla con la voz del compositor, es una voz particular que formula una declaración individual en un momento específico de la historia, contactándonos con su personalidad. El compositor es fruto de un desarrollo histórico, no sólo personal. Su música torna evidente la experiencia de su vida y está identificada con los ideales estéticos del período en que ha sido creada. Además, en muchos casos, los compositores vivían de eso…

Pista 5 (4’50’’)

  • Negro spiritual (Pecador, no desaproveches este tiempo de cosecha)
  • Palestrina: Lamentación I (Aquí comienzan las lamentaciones del profeta Jeremías)
  • Verdi: Requiem (Dies Irae)
  • Brahms: Requiem (Qué amables son tus tabernáculos, mi alma desea estar en ellos)

Son cuatro modos claramente distintos de ver el sufrimiento y la muerte. Pero todos son religiosos, aunque están penetrados del modo de ser religioso y musical de la época y del compositor.

Esta es la verdadera dimensión humana de la música religiosa, de una música que, lejos de ser de inspiración divina es, a mi juicio, fruto de lo más íntimo de la grandeza del espíritu humano. Este fruto puede llevarnos, en mayor o menor medida, bien a Dios o a lo más profundo de nuestra interioridad, pero nunca podremos ser indiferentes del todo.

Por ultimo, aunque, el arte no nos hace más buenos (pero puede darnos una buena mano) “mientras el espíritu humano progrese en este planeta la música lo acompañará, lo sostendrá y le brindará significado expresivo” (Copland).

ARRIBA

 

Arte y filosofía - Producciones con sentido. ayf@arteyfilosofia.com
+54 (0) 341 4512634 // +54 (9) 341 (15) 6153798. Rosario - Argentina.

Hosting by Digitar.net

Arte y Filosofía - Diseño web

inicio identidad espectáculos producciones cursos escritos contacto